La historia ha demostrado que aquellos que se oponen al desarrollo al final quedan en ridículo. Que quien menosprecia y trata de boicotear un bien social, por cálculo político, mezquindad o simple resistencia al cambio, termina estrellándose con una pared muy fuerte: la alegría y júbilo de miles de usuarios que hoy comenzaron a moverse a través de la Línea 2C del Metro de Santo Domingo.
En ningún gobierno, las grandes transformaciones han sido cómodas ni unánimes; siempre han tenido detractores que, incapaces de mirar más allá de sus prejuicios, siembran el progreso colectivo de amenazas o de dudas por objetivos personales o partidarias.
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Hay que entender que la línea 2C del Metro de Santo Domingo no es solo un tramo adicional de rieles o de nuevas estaciones, sino de una ampliación concreta del derecho a la movilidad que el laborioso municipio de Los Alcarrizos y otras comunidades se merecían.
Es, sin duda, una respuesta estructural al crecimiento urbano y una apuesta clara por una ciudad más integrada, más eficiente y más humana.
Para los miles de ciudadanos que antes tenían que recorrer largos trayectos, gastos excesivos en transporte y horas perdidas, hoy se abre una alternativa digna, segura y moderna.
Resulta paradójico, aunque no sorprendente, que ante una obra de este calibre resurjan voces empeñadas en minimizar su impacto o sembrar dudas sobre su utilidad y calidad. Pero esas mismas voces suelen desaparecer con cada alegría del ciudadano de a pie, cuando el proyecto comienza a transformar la cotidianidad, cuando los tiempos de traslado se reducen, cuando la economía local se dinamiza, cuando los barrios históricamente relegados se conectan de manera real con el resto de Santo Domingo. Entonces, el discurso del boicot se estrella contra la evidencia.
El metro no es un lujo ni un capricho, sino una herramienta de equidad social, porque cada nueva extensión representa oportunidades, acceso más rápido al empleo, a la educación, a la salud y al ocio.
La línea 2C, en particular, representa la voluntad de seguir ampliando esa red de oportunidades hacia zonas que por años reclamaron integración y atención del Estado.
Negar eso es negar la realidad de una ciudad que crece y que exige soluciones a la altura de su tiempo. Por eso, es de justicia felicitar a las autoridades, encabezadas por el presidente Luis Abinader, por entregar esta obra que hoy es utilizada con alegría por la ciudadanía.
Fuente: Este artículo fue publicado originalmente en deultimominuto.net por José Nova.


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